Ya hemos hablado en este espacio de cómo afectan los trastornos alimenticios más frecuentes a la salud de las personas, de cómo la psicoterapia puede ser un tratamiento eficaz en este tipo de trastornos, además de profundizar sobre uno de los TCA que más está aumentando en la población actualmente: el trastorno alimentario compulsivo. Sin embargo, nos gustaría mencionar también otro trastorno de este tipo que cada vez está afectando a más mujeres obsesionadas por alcanzar el peso “ideal” y que muchos ya conocen como ebriorexia o drunkorexia (haciendo referencia a la terminología inglesa).

La ebriorexia o drunkorexia, es el resultado de consumir bebidas alcohólicas en exceso, sin ingerir ningún otro alimento e incluso supliendo a estos por el alcohol. Además, como muchos podréis imaginar se trata de un trastorno extremadamente peligroso para la salud, ya que resulta de una mezcla entre dos enfermedades: la anorexia o la bulimia, y el alcoholismo. Así pues, las personas ebrioréxicas, dejan de consumir alimentos y para compensar esta carencia, los sustituyen por las calorías que aportan las bebidas alcohólicas.

Esta peligrosa combinación de una adicción (el alcoholismo) con un TCA (anorexia o bulimia), aunque es una gran desconocida para muchas personas, tiene un índice de personas afectadas que cada vez va más en aumento, sobretodo en mujeres que se encuentran entre los 18 y los 30 años. Es más, los primeros casos se dieron a conocer debido a que personajes altamente conocidos en el panorama internacional reconocieron padecer este trastorno, como por ejemplo Lindsay Lohan quién reconoció sufrir ya anorexia cuando comenzó a mezclar el vodka con pastillas para adelgazar. Esta revelación de la mundialmente conocida actriz y cantante, ocupó las portadas de diversos medios de comunicación, lo que impulsó que se acuñaran los términos ebriorexia y drunkorexia, para hacer referencia a este trastorno.

Tal y como se describe en este artículo publicado el pasado 2 de febrero en la sección de salud del diario digital Heraldo, la ebriorexia comenzó siendo un problema para personas con un estilo de vida desorganizado, donde asistir a eventos o fiestas es una de las prioridades y donde beber de forma constante es algo frecuente. Sin embargo, y a pesar de que este trastorno ya está reconocido aun siendo un gran desconocido para muchos, cada vez son más los jóvenes que lo padecen.

Además, tal y como indica el doctor Ruiz, responsable del área de trastornos alimenticios del Hospital Clínico Lozano Blesa de Zaragoza, todos los afectados por la ebriorexia o drunkorexia desarrollan una serie de comportamientos que los caracterizan como son: la compulsividad, la promiscuidad y los cambios de humor.

Nos obstante, los mencionados anteriormente no son los únicos problemas ya que la práctica habitual de este tipo de conductas puede poder en riesgo la función de los órganos vitales del ser humano, provocando desnutrición, intoxicaciones por etanol, comas etílicos y en el peor de los casos, incluso la muerte. Dado que la alimentación no es sana, ni está equilibrada, al ingerir importantes cantidades de alcohol, se causa también daños cognitivos y se acelera el deterioro de las neuronas, lo que con el paso del tiempo dará paso a otros problemas de salud también graves.

Evidentemente, para superar un trastorno como la ebriorexia, es necesario contar con la ayuda de profesionales tanto médicos como psicoterapéuticos, pues cada caso necesita ser tratado de forma específica y tendrá que ser valorado para determinar el tipo de atención que requiere. Los problemas de concentración que padecen las personas ebrioréxicas, así como la agresividad o conductas violentas y la capacidad anulada para tomar decisiones por uno mismo, pueden ser resueltas mediante sesiones de terapia individual. También, y dependiendo del punto del proceso en el que se encuentre cada paciente, se pueden introducir sesiones de grupo ya que, gracias a ellas, la persona podrá aumentar la confianza en sí mismo, sentirse acompañado, potenciar sus habilidades sociales y compartir sus emociones o pensamientos con otros pacientes que se encuentran en una situación igual o similar a la suya.