En las terapias de desarrollo personal de IT tratamos a diario con personas muy diferentes con un común denominador: dependen en exceso de la valoración de los demás. Esta dependencia conlleva que sufran constantemente. Aquí te explicamos en qué consiste la dependencia emocional y cómo tomar consciencia.

 

Marcos se siente menospreciado por su pareja porque, dice, “nunca” le tiene en cuenta. Cecilia siente celos de las relaciones de su marido, ya sean amistades o familiares. Carmen se sobre exige por “gustar” a su jefa, al punto de renunciar a ideas, principios y hasta a su tiempo vital. Carlos teme perder el cariño de sus hijos por no ceder a cada capricho y a los reclamos de su ex, pese a estar en desacuerdo la mayoría de veces. Martín teme perder la amistad de Ricardo, así que hace lo imposible por agradarle, aunque éste le humille con frecuencia. María busca sentirse aceptada y para ello cuida de forma obsesiva su imagen física, aun poniendo en peligro su salud.

Estas personas tienen un común denominador: son esclavas del miedo a perder la “aceptación” (que mal conciben como “afecto”) que les proporciona una o varias relaciones (ya sean familiares, de amistad, laborales…). También pueden obtener esta sensación de algo (tecnología, comida, ropa, símbolos…), si poseerlo o usarlo les reporta la seguridad que tanto ansían. El precio a pagar, claro, es muy alto; la pérdida de libertad para elegir y pensar lo que desean, para expresar su autenticidad esencial.

Estas personas son dependientes emocionales. Un estado psicológico que vemos con cada vez con más frecuencia en las terapias de Inspirando Transformación, quizá porque esta sociedad lo potencia; quizá, sencillamente, porque le estemos prestando mayor atención desde el punto de vista terapéutico. Un estado para el cual sólo podemos trabajar, y lo hacemos, en un sentido: tomar consciencia (a través de la reflexión incorporamos nuevos hábitos) lo que somos para aprender a respetarnos, reforzando y honrando aquellas características que nos convierten en seres únicos.

 

UN SUFRIMIENTO QUE DESTRUYE

La dependencia emocional consiste en la imposibilidad de respetar, amar, manifestar nuestra identidad individual por temor a que “nos dejen de querer” (si es una persona) o lo perdamos (si es el pasaporte para la aprobación de esa persona). Esto nos conduce a vivir frecuentes momentos de ansiedad, nerviosismo, inquietud, duda… locura, locura en estado puro con actitudes, acciones, decisiones irracionales hacia nosotros y hacia el resto. La dependencia emocional es destructiva, te carcome por dentro a base de sufrimiento.

Sufrimos porque esa perdida de libertad esencial conlleva un consumo constante de emociones, así como la persona drogodependiente se mete en el cuerpo sustancias tóxicas. La dependencia emocional es más frecuente de lo que creemos. Todos y todas somos un poco dependientes. Pero esta pérdida de raciocinio para ser quienes realmente queremos ser puede volverse tan rutinaria como compulsiva. Y entonces es cuando el desequilibrio psicológico se convierte en una adicción; sí, una adicción como el alcoholismo u otras tantas.

¿Resulta raro, pues, que en el punto de partida de cualquier persona toxicómana descubramos a potentes dependientes emocionales?

  

EMOCIONES QUE ENGANCHAN

Inseguridad, frustración, rabia, tristeza, envidia, vergüenza, impotencia… Drogas invisibles que consumimos a diario como si fueran pastillas o porros, y que nos conducen a sentir que nuestra vida es ingobernable. En otras palabras: percibimos que el gobierno de nuestros días está en manos de terceros, y aunque sufrimos, nos vemos incapaces de escapar a la cárcel del sufrimiento. Porque al cabo, todas esas emociones confluyen en este estado: una combinación de victimismo y sufrimiento.

Vivimos en función de si recibimos la aprobación, la atención, el beneplácito, la correspondencia que creemos “correcta”, de amigos, parejas, madre, padre, hijos, compañeros de trabajo, jefes… Dependemos de un sinfín de respuestas “atinadas”, “deseadas”, “esperadas”. Y en este estado de alerta por lo que los demás piensan, nos olvidamos de nuestra esencia, la reprimimos, y generamos deudas que duelen, que se acumulan, y que estallan en forma de locura.

En Inspirando Transformación alentamos el descubrimiento de la esencia individual para aprender a vivir en grupo y no por el grupo. Y el único camino es tomar consciencia de lo que somos.