Hay que buscar más que la abstinencia. A eso apunta la filosofía de las terapias de desintoxicación de Inspirando Transformación. Tanto en el caso de adicciones a una sola droga como en el caso de personas politoxicómanas, el verdadero éxito de una rehabilitación no depende sólo de dejar de consumir. Te lo contamos en este artículo.

 

¿Qué buscamos metiéndonos de todo, saltando de una sustancia a otra? ¿Buscamos acaso en mundos ficticios, en imperios efímeros, la chispa de la hoguera que se apaga dentro de nuestro ser, y pagamos por ello el precio de más vacío y autodestrucción? ¿Nos negamos a reconocer que esa libertad fugaz que sentimos es en realidad otra forma enmascarada y cruel de dependencia?

Sufrimos de muchas formas, porque nos sentimos débiles, y queremos aplacar el sufrimiento con sensaciones que nos hagan sentir “alegres”, “vivos”, “invulnerables”. Ese sufrimiento y la necesidad constante de calmarlo, tiene un nombre: dependencia. Y las sustancias que consumimos, y que nos prometen un instante de “plenitud”, lo hacen a un precio muy alto: más dependencia. Una dependencia mayor y más peligrosa (por sus consecuencias físicas y mentales) a elementos que nos devuelvan, aunque sea por un instante, la alegría.

Así que ahí reside la clave de la recuperación. Eso creemos en Inspirando Transformación: en aprender a recuperar la alegría. ¿Basta para ello sólo dejar de consumir, abstenerse? No. Eso es lo primero y más obvio. Pero al final resulta como sellar un caño de agua fisurado con una tirita. Porque cada vez que aparezca ese agujero en el pecho, ese vacío, habrá que llenarlo, taparlo, con algo. ¿Y si no tengo las herramientas emocionales y psicológicas para hacerlo? La recaída en sustancias que prometen instantes de felicidad será muy probable.

 

POLITOXICOMANÍA: HORMONAS Y EMOCIONES DISPARADAS

Captura de pantalla 2019 01 11 a las 16.20.38 300x159 - ¿Cuál es la auténtica clave para superar una adicción?Da lo mismo qué cosas mezclemos, cuál haya sido nuestro recorrido, lo cierto es que a las personas politoxicómanas nos une una realidad: tenemos a nuestro sistema hormonal y emocional acostumbrado a una montaña rusa. Y cada vuelta nos hace menos efecto; por eso queremos subir hasta la nube más alta. Como las nubes son vapor, las atravesamos y volvemos a caer.

¿Otra forma de buscar fuera lo que no nos atrevemos a encontrar dentro (o nos sentimos incapaces, o simplemente no nos han enseñado a hacerlo)? ¿La politoxicomanía es un multipatología nueva, acaso en aumento, en una sociedad del espectáculo donde la ficción parece comerse a la realidad? ¿En un teatro social donde la puesta en escena se presenta como la esencia; donde los lazos personales se debilitan; donde el sistema necesita estimular el consumo para mantenerse…?

 

PERFIL DE UNA PERSONA POLITOXICÓMANA

Hay cada vez más facilidades de acceder a nuevas sustancias. Esto nos facilita el camino para aplacar esos sentimientos que se vuelven insoportables y a los cuales ni siquiera sabemos ponerles nombre: baja autoestima, hipersensibilidad, obsesión, miedo, miedo y más miedo… ¿Nos negamos a verlo? ¿Nos cuesta aceptarlo? Por supuesto, en una sociedad donde el resplandor exterior es la luz del faro que nos guía, sacar a relucir los trapos sucios parece ser una opción poco inteligente.

Pero sabemos en el fondo que la aceptación es el primer paso de la recuperación. Y que la recuperación verdadera pasa por redescubrir la alegría. Algo que nace en nuestro interior. Para que pueda ser considerado efectivo, un método terapéutico sólo puede apuntar a ese objetivo, a dotar a la persona de herramientas para que se sienta plena, satisfecha, y evite recurrir a estímulos tóxicos para encontrar el impulso para seguir andando.