Las personas que sufren la adicción a una o varias sustancias suelen protagonizar comportamientos que dañan sus relaciones cercanas. La incomprensión e impotencia de quienes le rodean dispara diversas reacciones, muchas veces contraproducentes para la persona adicta. En las terapias de IT abordamos cada día esta triste realidad familiar, que tiene explicaciones y tratamiento.

 

Mi hermano me ha robado. Mi pareja es cada vez más agresiva. Mi madre nos miente. Mi hijo está perdido pero él no tiene la culpa…

La locura es locura y cuando no la tienes parece imposible entender los actos que derivan de ella, darles sentido. La locura es locura, y cada terapia de desintoxicación con personas adictas y con sus familiares en Inspirando Transformación, empieza por comprender y asimilar que la adicción a cualquier sustancia (el enganche a la cocaína, al alcohol, a los porros…) es justamente eso, una forma de locura.

¿Acaso es coherente meterte algo que te destruye física, mental y emocionalmente? ¿Acaso es coherente autodestruirte sin poder parar, sentir que es más fuerte, que te arrastra desde dentro como un alud a un pequeño arbusto? ¿Acaso es coherente engañarte, buscar excusas para seguir un poquito más?

 

CONSUMO = AUTOENGAÑO

El autoengaño camina de la mano con el consumo.

Ahí nace la deshonestidad de una persona adicta: por ella misma, por generar mecanismos para eludir la verdad. ¿Cuál verdad? Que lo que me meto me está matando. Y si esos mecanismos los empleo conmigo, ¿por qué no hacerlo con los demás, empezando por los más cercanos?

american backpack black and white 1457684 300x197 - ¿Por qué una persona adicta "es" deshonesta?No quiero estar solo, sola; necesito consumir; necesito dinero para hacerlo. La segunda depende sólo de mí, la primera y la tercera me la pueden facilitar, como sea, mis familiares: si no es por las buenas, las malas siempre están justificadas para calmar a la bestia que ruge dentro. En el fondo sé que me estoy dañando, pero no puedo parar. A veces esta impotencia se convierte en rabia. A veces esa rabia necesita a alguien para ser descargada. Madre, hijos, pareja…

El engaño y las actitudes conflictivas se manifiestan en el ámbito íntimo. Los escenarios que se presentan son tan diversos como adicciones y personalidades existen. Robo para pagar el vicio; agresiones físicas y verbales, todo tipo de comunicación violenta: portazos, gritos, insultos; el encierro y la dejadez propios de la depresión…

 

REPERCUSIONES FAMILIARES

La estructura del grupo se desequilibra. La adicción genera un caos familiar. ¿Cómo comprender actitudes huérfanas por completo de valores morales por parte de alguien tan cercano y querido? A la destrucción física y emocional hay que añadir la pérdida de principios básicos a los que conduce la dependencia.

En la familia amplia, con muchos miembros, las repercusiones quizá se dosifican más entre sus miembros y por eso el daño parece menor. Pero en el grupo pequeño, como puede ser un matrimonio, esta pérdida de valores se evidencia de forma más cruda, al igual que el impacto económico.

Todos y todas sufren en el escenario de la coadicción: Mi madre, porque quiere protegerme y para hacerlo sigue manteniendo y amparando el vicio que me está matando; mi padre, porque no me entiende; mi hermano, porque le he robado… Las reacciones de rabia, resignación, incomprensión, culpabilización o victimización florecen entre los allegados. ¿Podemos desde estas posiciones contribuir a una posible recuperación? ¿Podemos desde la incomprensión vislumbrar una posibilidad de cambio de senda por la cual acompañar al ser querido a una recuperación?

 

LA DESIFORMACIÓN: DE TODO, MENOS AYUDAR

La confusión familiar es tan grande que se hace de todo, menos ayudar a quien está sufriendo (y con ello a todo el clan en el que vive). Y la razón es simple: incertidumbre, la cual tiene un motivo que es la desinformación.

¿Tenemos miedo porque estamos desinformados, porque no sabemos qué hacer, a quién acudir? Informarse despeja la confusión. Forma parte de una actitud responsable frente al problema de convivir con un familiar adicto. Abre un camino a conseguir herramientas para la recuperación de quien sufre la adicción.

¿Por qué me hace esto? ¿Con todo lo que tiene? ¿Con todo el amor que ha recibido? ¿Acaso no nos quiere, no me quiere? La incomprensión de las conducta destructiva y autodestructiva de la persona adicta puede aplacarse si acudimos a profesionales terapeutas. Las terapias nos descubren las raíces del problema y las herramientas que existen (porque sí existen) para emprender una recuperación. Y, como familiares, para acompañar una realidad que nos ha tocado vivir, donde la incomprensión y la ignorancia sólo contribuyen en un sentido: a generar más sufrimiento.