El Juego entre nosotros y las cosas

¿Os habéis percatado alguna vez de la curiosa relación que tenemos con las cosas? ¿No os ha pasado nunca que no encontráis algo, por ejemplo: las gafas, la libreta, el boli etc… y luego aparecen en el mismo lugar dónde lo habíais buscado o sencillamente estaban delante de tus narices? ¿O simplemente tenéis un mal día y al encender el interruptor se funde la bombilla?

Nada es porque sí

La materia, las cosas inertes aunque no hablen y no se muevan tienen su energía (su corazoncito diría yo)… cobran vida cuando están a nuestro alrededor. Nosotros emanamos energía, y tanto las personas como las plantas,  los animales, incluso los objetos la perciben.

Cuando ponemos corazón en lo que hacemos y tratamos con cariño a las personas que nos rodean, ese halo de amor y sensibilidad se nota y se contagia. Todo fluye mejor en nuestro entorno. En cambio, cuando estamos negativos (enfadados o en una actitud pesimista), atraemos las complicaciones como si fueramos un imán gigante y tendemos a tener más accidentes, a que se nos rompan las cosas, o incluso a recibir malas noticias.

“Hace tres meses Roberto perdió su móvil”.

“Hace un mes Roberto perdió las llaves de su coche”.

“Dos meses después Roberto perdió su trabajo”.

¿Sería posible pensar que tiene mala suerte? ¿Ó que su mundo interior está en desorden y todo lo que le sucede no es sino un reflejo de cómo se siente Roberto dentro de él? A veces, no nos percatamos; pero si nos paráramos unos segundos y observáramos dentro de nosotros mismos cómo nos sentimos y seguidamente miráramos a nuestro alrededor, seguro que nos daría un sinfín de pistas de lo que nos pasa e incluso para qué nos pasa.

Porque de cada experiencia se aprende sea buena o mala (¡buena o mala en función de nuestra interpretación claro…!) nos enriquece y siempre podemos sacar algo en positivo.

Creamos nuestra suerte

¿El pájaro está contento porque canta? ¿O canta porque está contento? Seguro que esta pregunta la hemos oído alguna vez. En ocasiones, cuando a alguien le van bien las cosas tendemos a pensar: “¡Qué suerte tiene!” ¿Pero tiene suerte por casualidad? Ó ¿Uno se trabaja su suerte?.

En mi opinión, la mayoría de las veces cuando estamos positivos y despreocupados que no pasotas…, trabajamos más nuestro yo interior, cuidamos las cosas y  dejamos de mirarnos tanto el ombligo ocupándonos más de las personas que nos rodean, además, hace que todo funcione a nuestro alrededor sin tanta lucha y sobre esfuerzo; todo parece que sea bueno porque lo atraemos como el imán que somos: <<nos demos cuenta de ello o no>>. Lo vemos todo desde una perspectiva más amplia debido a que relativizamos lo que nos sucede y le damos sólo la justa importancia.

Por el contrario, si estamos negativos, las cosas buenas pasan desapercibidas ante nuestros ojos, solo nos fijamos en lo malo: <<en lo que “no tenemos”, en lo que “queremos que pase y no pasa”>> Exigimos de manera intransigente y obstinada un funcionamiento óptimo a las cosas, y, si no lo cumplen, nos cabreamos con la “cosa” misma sin entender que estamos contribuyendo a ello más de lo que podamos imaginar, así que, el conflicto que tenemos con: el teléfono, el ordenador, la impresora, el lavavajillas, el aspirador, la radio, la tele; el ventilador que no funciona como queremos que funcione y ¡estamos en verano, una tregua por favor…!

Podríamos decir que son los “representantes sindicales” de una lista interminable de relaciones negativas establecidas con las cosas y con nosotros mismos desde ¡no se sabe cuando!. Esta actitud hace que entremos en una espiral de malas relaciones con el mundo material (concreto y tangible), provocamos una reacción en cadena; un efecto dominó del mundo fenoménico.

En mi mundo de “Arte-S-Ana” las distintas texturas, materias, incluso los paisajes que nos da la madre naturaleza despiertan en mí sensibilidad e inspiración. Sin embargo, los móviles, los ordenadores, la tecnología en sí es algo que se me da mal, quizá porque me parece algo frío, robótico y no transmiten en mi nada que me llame la atención sino más bien todo lo contrario.

¿Casualidad ó causalidad que muchas de las veces que voy a imprimir se me atasque la impresora, no me funciona, se me bloquea el móvil o simplemente a veces entro en una página en internet y se queda colgado el ordenador? Y… viene mi compañero y contrariamente a mí, a él le funciona a la primera y no le saltan ventanas de “desconecte y vuelva a encender ó reinicie su ordenador”… ¿Percibirán estos aparatos, a los que debemos tanto y nos hacen la vida más fácil, que para mí son seres inertes sin alma, corazón ni vida?

Y vosotros… ¿Qué pensáis?

Ana Gil