El mes pasado os hablábamos en este mismo espacio sobre la inclusión en el Plan Nacional de Adicciones, por parte del Gobierno, de las adicciones relacionadas con la tecnología. Y es que conforme más avanza ésta, son más las personas que desarrollan una conducta aditiva relacionada con los dispositivos tecnológicos. Los llamados “tecnófilos” son cada vez más comunes en nuestra sociedad, aunque en el lado contrario encontramos a aquellos que son totalmente opuestos al uso de las nuevas tecnologías y que incluso temen acercase a ella: son los ya conocidos como tecnofóbicos.

La tecnofobia, tal y como ya hemos mencionado en el anterior párrafo, es el rechazo al avance tecnológico y el miedo a que éstos progresos, junto con sus consecuencias, terminen afectando al ámbito ecológico, social, ético o sanitario. Esta fobia, al igual que sucede con muchas otras, provoca en numerosas ocasiones sentimientos de angustia y episodios de ansiedad, limitando así las capacidades emocionales de quien la padece.

Verse incapaz de manejar los nuevos dispositivos, la falta de habilidades o de comprensión, pueden ser el detonante para que una persona con estas sensaciones, desarrolle la patología. No obstante, tal y como se menciona en este artículo de la web sobre tecnología de Orange, es posible distinguir hasta 3 grados de tecnofobia, en función de si existe o no un miedo irracional y de la intensidad que éste tenga: el usuario incómodo, el tecnofóbico cognitivo y el tecnofóbico ansioso.

Otro aspecto importante a destacar, es la relación directa que esta fobia tiene con el analfabetismo tecnológico, ya que a día de hoy es algo que puede condicionar enormemente la vida cotidiana de las personas. Estamos rodeados de aparatos y dispositivos tecnológicos, sin los que a día de hoy sería prácticamente imposible seguir funcionando, al menos en el modelo de sociedad en el que nos encontramos inmersos. No saber “relacionarse” con la tecnología que nos rodea, puede llegar a causar problemas de aislamiento, comunicación e incluso de socialización.

¿Qué aspectos han influido en la aparición de la tecnofobia?

La tremenda rapidez con la que evoluciona el sector, la aparición de numerosas redes sociales de todo tipo, la falta de adaptación al cambio o malas experiencias relacionadas con la carencia de habilidades para poder manejar de forma adecuada la multitud de aparatos electrónicos que nos rodean, son algunas de las causas que pueden originar la aparición de la tecnofobia.

No obstante, hay otros factores importantes que también están directamente relacionados con el miedo a las nuevas tecnologías como, por ejemplo, la vulneración de la privacidad o los hackeos. La falta de información o de interés por parte de los usuarios, hace que éstos últimos carezcan en muchos de las pautas necesarias para estar protegido.

Uno de los ámbitos en los que puede haberse animado esta fobia tecnológica es el cine. Lejos de su principal intención, clásicos como Blade Runner o Terminator, y nuevas producciones como por ejemplo Ex Machina, o series de ficción como Black Mirror o Passengers, entre muchas otras, tienen como argumento base la debilidad del ser humano frente al desarrollo tecnológico y la robótica, lo que en muchos espectadores provoca un efecto “rebote” que les genera sentimientos de desconfianza y miedo.

¿Cómo saber si una persona es tecnofóbica?

De acuerdo a lo comentado anteriormente, muchas personas con este trastorno no han tenido una relación temprana y de continuidad con la tecnología, por lo que suele ser bastante fácil identificarlas. Además de manifestar rechazo por cualquier cosa relacionada con el sector, justifican su animadversión con falacias y creencias como las indicadas anteriormente, y se respaldan en las posibles adicciones que, según ellos, han causado en los más jóvenes como la adicción al móvil o smartphone.

Sin embargo, la tecnofobia está más relacionada con el desconocimiento que con lo explicado justo en el párrafo anterior, ya que la tecnología no es lo que provoca el trastorno psicológico, sino que lo hace el uso inapropiado o abusivo que las personas hacemos de ella. Se trata, por tanto y al igual que sucede con las adicciones, de una conducta o comportamiento desarrollado por el propio individuo.

También hay otros aspectos de la vida cotidiana que influyen sobre el desarrollo de la tecnofobia y que como veréis, son más evidentes: falta de interés por las novedades del sector, la ausencia de dispositivos en el día a día, incapacidad para adquirir habilidades o para retener conocimientos relacionados con esta disciplina y los pensamientos negativos hacia ella, son otros ejemplos.

¿Se puede tratar la tecnofobia?

Por supuesto. Al igual que sucede con casi cualquier otro trastorno psico-emocional, la tecnofobia puede tratarse mediante sesiones de terapia individual, pues como ya explicamos en este blog casi al inicio de nuestra aventura, ésta disciplina es igual de eficaz a la hora de tratar fobias o miedos, que en aquellos casos en los que el objetivo de la terapia es tratar una adicción o conducta adictiva.

Es muy importante que el tecnófilo disponga de las herramientas y la información necesaria para hacer frente a sus miedos. Por ello, no hay que forzar la interacción con las nuevas tecnologías en cualquier tipo de situación, pues lo ideal es conseguir que sea la persona quién decida hacerlo. Plantear el uso de una forma útil y divertida, puede ser un buen comienzo para lograr que el uso de los dispositivos tecnológicos se relacione más con un sentimiento de ocio, que con la obligación.

La tecnología puede ser una gran aliada en nuestro día a día, tan solo es necesario que sepamos cómo ésta puede interferir en nuestras vidas y que aprovechemos los beneficios que nos puede aportar el uso responsable de la misma.