La historia real de Martín refleja cómo el trastorno de dependencia emocional se manifiesta también hacia creencias y lugares, como los que implica el ámbito profesional o laboral. Producto de miedos acumulados en el pasado consciente e inconscientemente, esta patología latente en la mayoría de personas, despierta conductas obsesivas y situaciones reiteradas de sufrimiento (centrifugado mental). Por supuesto, puede tratarse con terapia individual y grupal.

 

depresion_terapia_valenciaA Martín le apasiona su trabajo. Se considera un tipo con mucha suerte, pues puede vivir de lo que realmente le gusta. No es exactamente lo que ha estudiado, pero se ha ido reconvirtiendo y ha conseguido diseñar un emprendimiento a su medida que le hace sentirse libre, autónomo, independiente y, sobre todo, seguro. Así que no duda en echarle la cantidad de horas que hagan falta: 8, 10, 12… En ningún aspecto de su vida se siente tan firme sobre el terreno como aquí: ni como padre, ni como pareja, ni en las relaciones interpersonales… Su zona de confort es su oficina, y al zambullirse en los desafíos laborales se aísla de todos aquellos ámbitos en los que se mueve con mucha menos soltura (el personal e íntimo) donde su flexibilidad se convierte en rigidez absoluta y confrontaciones, malestar…

Para colmo, de pequeño Martín ha mamado verdades que hoy defiende como axiomas de vida: si no hay sacrificio no hay éxito; para conseguir lo que uno quiere hay que matarse; el éxito sin dolor no es éxito; el trabajo dignifica

Por ello, precisamente, justifica la paradoja de que su trabajo le reporte una buena cuota de sufrimiento. De hecho, los desafíos laborales los suele afrontar como dolores de cabeza injustos que los clientes le generan. Y a menudo se lamenta de pasar tanto tiempo encerrado, perder la vida trabajando “sin opción”. Así que se siente seguro y cómodo pero no sabe poner límites de una forma sana, sin miedo, a lo que le piden los clientes (y a sus propias exigencias): se auto-explota, se exprime hasta el agotamiento. Martín se siente seguro y cómodo, sí, pero las 10 horas que echa trabajando llenan una mochila de deudas que arrastra, al final del día, con mala cara, intolerancia hacia quienes quiere y agotamiento para construir nada saludable.

¿Resulta contradictorio que Martín ame su trabajo y a la vez su actitud hacia éste le reporte tanto sufrimiento? ¿Tiene sentido que lo que algo que da “placer” y represente “una zona de confort” se convierta en una cárcel? Sí, tanto como el adicto que sabe que la sustancia que se inyecta está destruyendo su cuerpo y sus relaciones, pero no puede dejarla, porque la necesita para sentirse lleno, colmar el vacío, calmar la ansiedad. ¿No es cierto que se puede sentir un mono físico emocional sin haber consumido ninguna sustancia?