EL LABERINTO

En el laberinto uno no se pierde, se encuentra. En el laberinto uno no encuentra al Minotauro, se encuentra a sí mismo.

El origen de la palabra laberinto

Está relacionado con labor, con trabajo. El recorrido del laberinto es un trabajo. También está relacionado con labor de campo, con labrar; con los surcos que se hacen en la tierra. Y las paredes de los laberintos se denominan en el lenguaje antiguo brechas, ¿por qué? Porque es el lugar donde se echa la simiente, ¿la simiente de qué y para qué? Las semillas que contienen el potencial de crecimiento, es decir, que en la medida que uno va cruzando por un camino va floreciendo.

Y entonces ¿qué es el laberinto?

El laberinto emula simultáneamente la geografía interior del cuerpo y el viaje de la vida. Se asemeja a los lóbulos cerebrales y también al funcionamiento de otros sistemas funcionales energéticos y orgánicos. Los caminos del laberinto coinciden casi exactamente con las trayectorias que se tienen que hacer en nuestro propio cerebro para limpiarlo de memoria pasiva, ¿qué es la memoria pasiva? Los rastros de las reacciones defensivas que hemos grabado en nuestro cerebro a lo largo de la vida.

¿Qué es la vida?

La vida no es como un laberinto, es un laberinto.

Recorriendo laberintos negros o cerrados

Los laberintos negros o cerrados son el conjunto de manías, gestos y movimientos más o menos compulsivos u obsesivos. Las ideas y acciones vacías y antinaturales. Los hábitos limitantes; es decir, todo un repertorio de contradicciones que nos alejan de nosotros mismos en esencia. Lo más alarmante es que el recorrido automatizado de estos laberintos lo realizamos todos los días. Sin percatarnos de ello, como ratones de laboratorio, hemos aprendido a caminar en el interior de nuestra rueda o laberinto, sin llegar a ningún lugar que verdaderamente impulse nuestro crecimiento.

Y entonces, ¿qué efectos produce el recorrido del laberinto de inspiración mental y físico?

Su recorrido nos ayuda a limpiar el conjunto de experiencias, pensamientos, emociones y acciones que se han ido acumulando, es decir, grabándose en nuestra memoria a lo largo del tiempo bloqueando en consecuencia nuestro aprendizaje y crecimiento personal. Potenciar cambios de estado más coherentes es otra función del laberinto, provocando nuevas y más sabias reacciones neurológicas y biorrítmicas, aquietando y centrando la mente, facilitando movimientos con una mayor agilidad en la complejidad de la vida cotidiana.

Todos sus retos, transformaciones, profundidades y descubrimientos, reflejan el mundo interior y exterior de las personas.

¿A qué nos desafía el laberinto de la vida?

A enfrentarnos a nosotros mismos, retándonos a desplegar todas nuestras habilidades para derribar nuestros mayores miedos, dudas, inseguridades, pereza ante la vida y desconfianzas; y, como no podría ser de otra manera, nos desafía a superar la creencia limitante de que recorrerlo sólo nos conduce a perdernos. Del laberinto sólo se puede salir volando, ¿volando? Sí, porque cuando promovemos un cambio de estado; de forma de pensar, sentir o actuar, la sensación de libertad es similar a la sensación de volar, ¿cómo te sentirías si pudieras volar?

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