A sus 44 años, esta mujer sufre una fuerte lucha entre dos creencias que cultivó desde su infancia: tener que estar en pareja y tener que actuar como si viviera sola. Todas las personas dependen emocionalmente unas de otras en algún grado. Pero la dependencia emocional considerada como enfermedad o trastorno patológico se manifiesta cuando depender, necesitar ‘lo que sea’, despierta conductas obsesivas y situaciones reiteradas de sufrimiento (centrifugado mental). Este mecanismo resulta de acumular, consciente e inconscientemente, miedos del pasado. Además de interpersonal, la dependencia puede manifestarse hacia lugares, objetos y creencias, como es el caso de Ana. Y,  por supuesto, puede tratarse con terapia individual y grupal.

 

Photo by Kat Jayne from Pexels

Parece imposible que Ana conciba su vida sin una pareja. ¿Qué le ha sucedido para llegar a esta convicción? Al parecer, su dependencia comenzó al convivir con un padre alcohólico que la ignoraba y que desaparecía continuamente faltando a sus responsabilidades familiares y de pareja. Su madre, sin embargo, era muy (¿demasiado?) protectora. A medida que Ana fue creciendo y pudo desenvolverse en el mundo, cultivó en ella una gran contradicción: tener pareja a toda costa, por un lado, y miedo al compromiso, por otro. Dos caminos encontrados; dos conductas opuestas definidas por sus creencias.

Su vida se convierte en un partido de tenis en el que su mente (como la pelota) va de un lado a otro de la cancha. Dominante y posesiva, busca siempre hacer lo que a ella le da la gana en pareja. Así manifiesta la creencia de “no necesito a nadie, ni siquiera a mi padre” en estos términos: “necesito mi espacio, soy muy independiente”. Sin embargo, a su pareja le impide que tenga su propio espacio y que tenga momentos en que prefiera hacer marcha sin contar con ella. Por eso no le comprende cuando le dice cosas como: “hoy me apetece quedarme en mi casa leyendo y viendo una película” o “esta noche salgo con mis amigos”. En esos momentos, Ana convierte su mente en una lavadora mental en proceso de centrifugado (modo obsesión).

Con 44 años, Ana ha tenido tres parejas y con ninguna de ellas ha querido, en el fondo, adquirir el compromiso de casarse y tener hijos. Pero, ¿qué significa comprometerse para ella? ¿Qué miedos afloran? Harto de esperar a que Ana le diera un hueco en su corazón y en su vida (ni siquiera ha conocido a su familia en los cuatro años de relación), su pareja decidió alejarse. Ana no puede aceptar la ruptura: lo persigue, lo llama obsesivamente y le promete casarse y tener hijos con el único objetivo de volver… Ella tampoco puede concebir su vida sin alguien al lado.