Aunque parezca exagerado, las creencias inflexibles que arrastramos sobre “lo que debe ser” pueden conducirnos comportamiento patológicos, como el de comer sin límites para aplacar la ansiedad.  La dependencia emocional como enfermedad o trastorno se manifiesta cuando depender, necesitar ‘lo que sea’, se vuelve extrema, y puede darse en relación con personas, pero también con creencias, lugares, objetos… Este mecanismo, que es resultado de miedos del pasado que acumulamos consciente e inconscientemente, despierta conductas obsesivas y situaciones reiteradas de sufrimiento (centrifugado mental). Las terapias individuales y grupales, como las que practicamos en Inspirando Transformación, ayudan a tratarla.

 

Comiendo compulsivamente, a sus 40 años Rosa se come el mundo. ¿Por qué? ¿Qué necesidad tiene para destruirse? Los abusos que sufrió hace tiempo por parte de sus compañeros de la oficina la llenaron de ira, rabia e incomprensión, y la sumergieron en una profunda depresión con consecuencias desastrosas para su salud física. Aunque ha intentado potenciar en su vida la ausencia de rencor, esta etapa dramática de su vida, que duró mucho tiempo, le ganó la partida a la amabilidad. Tanto resentimiento acumulado por la sinrazón de lo que vivió, no pudo tener otro efecto que potenciar aquello que ya conformaba su sistema de creencias: “las injusticias me sacan de mis casillas”; “lo que considero injusto mueve mis emociones de forma descontrolada”.

Pero, ¿siempre lo que consideramos injusto es realmente injusto? ¿O lo que llamamos injusticias en realidad lo son porque difieren de lo que nosotros creemos que tiene que ser justo? Aunque en el caso de Rosa la injusticia que vivió clamara al cielo, lo que dispara sus emociones es que hoy ella no se perdona haber aguantado tanto. Así que se machaca internamente, aunque por fuera quiera aparentar comprensión y haber cerrado aquella etapa.

Desde hace cuatro años, Rosa come compulsivamente cada vez que llega la noche y justo cuando se mete en la cama (y no antes, curiosamente). Y lo hace en este momento, precisamente, porque cuando sufrió los abusos el desequilibrio le impedía dormir, relajarse, soltar el control por miedo a vivir consecuencias fisiológicas desastrosas. De esta manera, comiendo, evita caer en el relax del sueño, donde puede revivir mentalmente aquel infierno personal. Así se transformó en dependiente de la comida noche tras noche, para retener el control, para tener su mente entretenida y llenar el vacío emocional…

En esta historia aparece un patrón interesante: cuando Rosa está durmiendo con gente o está en un hotel o en casa ajena, no asalta la nevera. ¿Por qué? Porque proteger su imagen en estos casos es más importante que su miedo al trauma. Es decir, que se imponen sus creencias de: “¡Qué van a pensar de mí!”; “Pensarán que estoy loca”; “Si ven que como de esa manera me rechazarán”. En realidad, hay una dependencia emocional camuflada en el trastorno de alimentación